CUERPOS PARA ODIAR
Adaptación y dirección de Ernesto Orellana G.
Estrenada en Julio de 2015 en la Sala Agustín Siré de la Universidad de Chile.
PRENSA
El desconcierto
Jorge Díaz: «Deseos disidentes para una transescena»
Disidencia Sexual
Fede Krampack: «La orgía eterna del aprendizaje»
Universidad de Chile
Mariaris Flores: «Una transescena que nos acerca a los post-dramático»
Universidad Nacional de Rosario (Argentina)
Ezequiel Lozano: «Sexopolíticas en combate»
The Clinic
Archivo
FICHA ARTÍSTICA
De Claudia Rodríguez y Ernesto Orellana
Dirección Ernesto Orellana G.
Con Claudia Rodríguez- José Carlo Henríquez- Irina Gallardo- Wincy Oyarce- Daniela Capona- Cristeva Cabello- Miranda Astorga- Lucha Venegas- Ernesto Orellana.
Diseños de Loreto Martínez- Jorge Zambrano- Alejandro Rogazi
Audiovisuales de Camila José Donoso y Wincy Oyarce
Vestuarios de Camilo Saavedra- Ignacio Olivares
RESEÑA
Pensar el poder, es pensar cómo habita en nuestras prácticas afectivas y en nuestras relaciones cotidianas. Pensar el poder, es observar cómo transita, se representa y reproduce. La heterosexualidad es un poder, un orden de dominación. La heterosexualidad, es la fórmula nuclear para que la institución familiar pueda “reproducirse” de forma “normal”. Al servicio del poder y el capital. Allí, parafraseando a Judith Butler, hay cuerpos que importan y cuerpos que no. Cuerpos para Odiar, es un proyecto que se construyó de forma trans-disciplinar, con cuerpos activistas sexuales de la disidencia sexual en Chile. Transexuales, travestis, prostitutxs y feministas no binaries se reúnen para poner en escena el libro de poesía travesti de la activista transexual chilena Claudia Rodríguez. Estrenada en la mítica Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, por primera vez un grupo de cuerpos marginadas de la histórica Academia, entraban a uno de sus principales escenarios, representándose a ellas mismas, hablando de sus propias historias y conflictos, de sus deseos, parodiándose, y proponiendo un imaginario contra-sexual, contra-heterosexual, una moral abyecta, libertina, sin fronteras, precisamente para que las múltiples violencias y los habituales crímenes políticos de odio sexual en Chile, y Latinoamérica, se hablen, denunciándolos, para que en un otro mundo ideal, no existan NUNCA MÁS.